Guatemala, 11 de agosto de 2026
El Salón de Ministros del Palacio Nacional de la Cultura en Guatemala abre sus puertas y enseguida apreciamos un antiguo candelabro, unas ventanas de hierro forjado, y una solemnidad en silencio que precede a los grandes acontecimientos. Se trata de un silencio que no está vacío, sino del silencio de sillas en movimiento en las que lentamente se van acomodando personas que han viajado de lejos y otras de más cerca. Se cruzan miradas, se intercambian saludos y abrazos fraternos entre quienes hace mucho que no se encuentran. También se recuerdan las tareas pendientes. Algunas, muy importantes como las que acogen la sesión del día de hoy. También se habla de derechos que aún no se han cumplido.
Es un salón que ha visto todo tipo de cosas y eventos, algunos que han marcado un antes y un después en la historia reciente del país. Otros, más modestos quizás, pero no por ello menores. Se trata de la presentación de una Línea de Base, un diagnóstico sobre el estado del movimiento sindical guatemalteco. A priori, parece un documento técnico, y sin embargo se trata de un análisis profundo con datos cualitativos y cuantitativos construido desde sus protagonistas.
Lo que a simple vista pareciera un documento más, es en cambio un diagnóstico que en esta misma sala nos hace retroceder cuarenta y seis años y no olvidar que este país y su democracia están construidos sobre las luchas de personas que no han estado dispuestas a callar ante las injusticias.
El 31 de enero de 1980, un grupo de campesinos e indígenas del Quiché, junto a estudiantes de la Universidad San Carlos y sindicalistas, entraron a la Embajada de España en Guatemala para denunciar la represión que sufrían en sus comunidades en El Quiché y pidiendo la retirada de las fuerzas armadas en un pronunciamiento realizado en mam, ixil y en español.
Las fuerzas de seguridad del Estado asaltaron el edificio, prendiéndole fuego y abriendo una herida que ha costado sanar en el país. Murieron 37 personas, la mayoría indígenas, producto de esta actuación. El embajador español de la época, Don Máximo Cajal, no dudó en proteger a quienes se habían refugiado bajo el techo que él representaba exponiéndose en primera persona igual que todos los demás. De hecho, siete trabajadores de esta embajada también fallecieron junto con las personas a las que intentaban proteger.
Esta historia, que ahora parece lejana, formaba parte de un conflicto que atrapó al país desde 1960 y hasta 1996 en uno de los capítulos más oscuros de su historia y que dejó alrededor de 200.000 personas muertas. No fue, pues, un incidente aislado, sino un resultado más de la explotación, de las desigualdades, del racismo y del despojo de la tierra como raíces que, hoy en día, no han terminado de arrancarse.
En 2025, el Gobierno de la República de Guatemala reconoció esa masacre, desde una posición de reconocimiento histórico y de valentía, dando homenaje a las víctimas. Aunque no borra la historia, este gesto que pone nombre a lo ocurrido fue un primer paso para visibilizar, intentar reparar y evitar que se repitan escenas similares.
Pero antes de que se hablar de aquellas cifras, o de otras igualmente relevantes que se presentan en este Salón de Ministros, hubo una rosa. En el Patio de la Paz del Palacio Nacional de la Cultura de Guatemala —como escenario más que simbólico y cuyo nombre no es solo un nombre, sino una intención treinta años después de la firma de los Acuerdos de Paz—, se hizo entrega del Cambio de la Rosa de la Paz a la Confederación Sindical de Trabajadores y Trabajadoras de las Américas (CSA/TUCA), en reconocimiento de una trayectoria en defensa de los derechos sindicales y los derechos humanos en todo el continente.

Este gesto breve, sitúa desde el primer momento en algo que trasciende el protocolo, y pone el acento en lo que importa realmente: la paz duradera y todas aquellas personas que llevan décadas construyéndola sin reconocimientos públicos o grandes distinciones.
Como preámbulos, nos muestran que es imposible entender el peso de una sala llena de todas estas personas y representantes al más alto nivel de las instituciones guatemaltecas y del movimiento sindical en América y en Guatemala, sin recordar que, a unas pocas cuadras de allí, a escasos cientos de metros en esta misma ciudad hubo silencio durante décadas sobre quienes han muerto por organizarse, por reclamar sus derechos, o simplemente por reclamar paz y justicia para su país. Reclamar, en definitiva, lo que creen que es justo.
Un compromiso histórico
Durante años, la situación de la libertad sindical o las represalias por la afiliación a sindicatos han marcado una situación en este país centroamericano. La Organización Internacional del Trabajo, OIT, ha seguido la situación del país y en especial después de que en 2013, hace ya más de una década, Gobierno, patronal y representantes de las y de los trabajadores adoptaran de forma tripartita una Hoja de Ruta para avanzar en el respeto de la libertad sindical y del Convenio 87, como norma de referencia que protege el derecho de las personas trabajadoras a organizarse. Este compromiso sigue siendo aún vigente, aunque en la práctica aún queden muchas tareas pendientes.
Así, con un proyecto que incide en la necesidad de fortalecer el movimiento sindical guatemalteco financiado por la Unión Europea, el compromiso del Gobierno de la República, y un liderazgo incuestionable de las centrales sindicales del país, es que se marca un camino que no inició ayer y que sigue siendo una prioridad nacional y también para la comunidad internacional.
El Momento de las Personas Trabajadoras en Guatemala es un proyecto impulsado conjuntamente por ISCOD-UGT y el Movimiento Sindical y Popular Autónomo de Guatemala (MSYPAG), en colaboración con la Unión Europea, que busca fortalecer al movimiento sindical guatemalteco y mejorar el acceso a los derechos laborales. Que el proyecto nazca de una alianza entre una fundación española y un movimiento autónomo guatemalteco, y no de una sola organización actuando desde fuera, no es un detalle administrativo: es la forma concreta que toma aquí la idea de cooperación entre pares. Su método es, deliberadamente, el diálogo social: no se trata de actuar sobre los sindicatos ni de sustituir su voz, sino de trabajar con ellos, reforzando su capacidad de negociación, de interlocución y de incidencia. Tiene, además, una mirada explícita hacia quienes enfrentan mayor exclusión dentro y fuera del mundo sindical: las mujeres trabajadoras, las juventudes, los pueblos indígenas, las personas LGTBIAQ+ y las personas con discapacidad — parte de esa misma población que en 1980 buscó re
El momento de las personas trabajadoras en Guatemala es un proyecto cuyo objetivo es precisamente el de fortalecer al movimiento sindical guatemalteco y mejorar los derechos laborales en el país. El foco y método de trabajo es el fortalecimiento del diálogo social y el fortalecimiento de la voz sindical en los espacios de negociación, interlocución y de incidencia. De forma explícita, aborda las desigualdades a las que se enfrentan específicamente las mujeres trabajadoras, las personas jóvenes y las poblaciones indígenas en el mundo laboral.
La Línea de Base que se presentó como fotografía inicial de ese trabajo describe las fortalezas, debilidades y oportunidades para un movimiento sindical fuerte en Guatemala. Se elaboró desde la participación directa de las organizaciones sindicales, y sirve para orientar el proyecto en base a evidencia cuantitativa y cualitativa real. Muestra, pues, una panorámica con información actualizada sobre las tasas de sindicalización, la distribución del movimiento sindical por sector y territorio, las brechas de género en la representación sindical, y la participación de personas jóvenes y de otros colectivos.
Durante la presentación, la CSA detalló hallazgos sobre los sectores con mayor déficit de cobertura sindical y los retos específicos que enfrentan las mujeres trabajadoras, la juventud, los pueblos indígenas, las personas LGTBIAQ+ y las personas con discapacidad dentro y fuera del movimiento.
El diálogo social en Guatemala
Hablar de diálogo social no es hablar de un concepto abstracto que flota sobre la realidad guatemalteca, sino de organizaciones concretas, con nombre y con historia y de la capacidad de defenderlo y sostenerlo. Este proyecto y los procesos que impulsa desde las propias centrales sindicales, en concreto, la CGTG (Confederación Central General de Trabajadores de Guatemala), la CUSG (Confederación de Unidad Sindical de Guatemala) y UNSITRAGUA Histórica (Unión Sindical de Trabajadores de Guatemala) están orientados a que ese diálogo se vea fortalecido y cuente con una capacidad organizativa reconociendo que sin capacidad de organización y de negociación, no hay un diálogo social real.
Los andamios que sostienen esta estructura son dos actores más con un papel fundamental no solo en el acompañamiento internacional, sino en la conexión con marcos normativos o la propia Hoja de Ruta de 2013. Tanto la CSA, como organización sindical continental más grande y con más de 55 millones de trabajadores y trabajadoras, quien se ha encargado de elaborar el diagnóstico presentado, como ACTRAV/OIT se convierten así en la columna vertebral de un proyecto que va más allá de la cooperación internacional.
La Rosa de la Paz entregada a la CSA horas antes en el Patio de la Paz es una muestra de la confianza y trabajo previo realizados. Confianza que también ha sido construida entre las tres centrales representadas en el Movimiento Sindical y Popular Autónomo Guatemalteco (MSYPAG), e ISCOD tras décadas de trabajo en cooperación sindical, construcción conjunta de capacidades y reconocimiento de trabajo entre iguales por un mismo objetivo.
Ese trabajo colectivo y compromiso en ambos lados del Atlántico se sostiene también en marcos institucionales más amplios. El pasado 10 de julio, en Madrid, Eva Granados, Secretaría de Estado de Cooperación Internacional (SECI) y la Viceministra de Relaciones Exteriores de Guatemala, María Luisa Ramírez, firmaron un nuevo Marco de Asociación que incorpora actuaciones vinculadas al empleo digno, el desarrollo social y económico basado en la transición justa, y una cooperación con enfoque feminista. Ese marco constituye un paraguas político bajo el cual actividades como la de hoy adquieren continuidad y sentido de largo plazo.
Una vez finalizada la presentación de los datos recogidos en la Línea de Base, se produjo un diálogo entre el Ministerio de Trabajo y Previsión Social, a la OIT y a representantes del movimiento sindical guatemalteco, que valoraron el estudio y manifestaron su intención de incorporar los hallazgos a sus propias agendas de trabajo.
Poco a poco, el Salón de Ministros fue vaciándose después de las palabras de cierre y de esta manifestación gráfica del diálogo social en la que el Gobierno, los sindicatos y organismos internacionales se sientan a hacer un diagnóstico compartido.
El cierre del evento se convirtió así no en un punto final, sino en un punto de partida de un proceso que arranca con la misma solemnidad del acto que dio envoltura a la presentación. Las sillas volvieron a sus sitios, las personalidades fueron abandonando la sala entre abrazos y despedidas, con unos próximos pasos comunes y un canal abierto para seguir conversando, fortaleciendo las relaciones y cohesionando los derechos de las personas trabajadoras.
Los hallazgos y resultados de la Línea de Base próximamente estarán disponibles a través de nuestros canales oficiales, los de MSYPAG y los de la CSA. Las alianzas que seguiremos forjando y este compromiso compartido seguirán presentes en todas las acciones que en el marco de este proyecto, o de otros futuros que nos ayuden a construir y fortalecer la democracia desde la memoria compartida, se emprendan.
Para España, Guatemala ha ocupado históricamente un lugar prioritario en su política internacional y de cooperación, sostenido por un apoyo constante a la defensa de la justicia social en el país. Ese vínculo, marcado por una historia que incluye tanto la tragedia de 1980 como el trabajo de las últimas décadas, no es simbólico, sino que es el terreno concreto sobre el que actividades como esta.
Conviene cerrar, como se cerró esa mañana, con las palabras de Rigoberta Menchú Tum, una mujer guatemalteca, indígena y Premio Nobel de la Paz, cuya lucha ha sido durante décadas la de nombrar lo que otros prefieren callar: La lucha por la justicia no tiene fronteras ni límites, es una lucha de todos.
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Comunicado de prensa: Presentación del Diagnóstico integral sobre la situación sindical en Guatemala ante instituciones del Estado, la cooperación internacional y la sociedad civil
Conferencia Internacional del Trabajo




